A person eating a salad with cured meat and croutons from a white plate

¿Por qué no adelgazo si como poco?

8 razones por las que tu peso puede estar estancado.

Inara Dantas

8/26/2026

“Como poco y no adelgazo.”

Es una de las frases que más escuchamos cuando una persona lleva tiempo intentando perder peso.

Quizá hayas reducido las cantidades, cenes ligero, hayas eliminado el pan o los dulces y procures comer saludable. Incluso puede que tengas la sensación de comer mucho menos que otras personas de tu entorno.

Pero pasan las semanas, te subes a la báscula y ocurre lo mismo: el peso apenas se mueve.

Y entonces aparecen las dudas:

¿Tendré el metabolismo lento? ¿Estoy comiendo demasiado? ¿Debería reducir todavía más las calorías? ¿Mi cuerpo se habrá acostumbrado a las dietas?

Lo primero que debes saber es que si no adelgazas, comer todavía menos no siempre es la mejor estrategia.

La pérdida de grasa es un proceso mucho más complejo que simplemente reducir el tamaño del plato. Tu gasto energético, actividad física, masa muscular, ingesta real, proteína, descanso, adherencia al plan e incluso las adaptaciones que se producen después de perder peso pueden influir en el resultado.

Por eso, antes de volver a recortar calorías, merece la pena entender qué puede estar frenando realmente tu pérdida de peso.

1. Comes poco… pero quizá no estás en déficit calórico

Para perder grasa tiene que existir un déficit energético: a lo largo del tiempo, el organismo necesita gastar más energía de la que recibe.

Esto no significa que tengas que contar cada caloría que comes durante el resto de tu vida.

Pero sí explica algo importante:

comer poca cantidad y comer pocas calorías no son exactamente lo mismo.

Hay alimentos excelentes desde el punto de vista nutricional que concentran bastante energía en cantidades pequeñas.

Aceite de oliva, frutos secos, aguacate, queso, cremas de frutos secos, granola o chocolate negro pueden formar parte perfectamente de una alimentación saludable. Sin embargo, si las cantidades no están adaptadas a tus necesidades, pueden aumentar considerablemente la ingesta energética sin que tengas la sensación de haber comido mucho.

También cuentan ese chorrito de aceite mientras cocinas, el picoteo mientras preparas la cena, las bebidas, el aperitivo del fin de semana o esos pequeños extras que a veces ni siquiera registramos mentalmente como comida.

Esto no significa que estés haciendo nada “mal”.

Significa simplemente que la percepción de cuánto comemos no siempre coincide exactamente con nuestra ingesta energética real.

Por eso, cuando alguien me dice “como muy poco y no bajo de peso”, mi primera reacción no es recomendarle que coma todavía menos.

Primero hay que analizar qué come, cuánto, cómo se distribuye y cuáles son sus necesidades reales.

2. Tu cuerpo no gasta siempre las mismas calorías

Aquí aparece uno de los conceptos más importantes para entender por qué una dieta puede funcionar inicialmente y después dejar de producir los mismos resultados.

Nuestro cuerpo no es una calculadora estática.

Cuando pierdes peso, tu organismo necesita menos energía para mover un cuerpo más pequeño. Pero además pueden producirse respuestas compensatorias: puede disminuir el gasto energético y aumentar el apetito.

Por eso, la pérdida de peso no suele seguir una línea matemática perfecta.

Quizá hayas experimentado algo parecido:

Empiezas una dieta.

Durante las primeras semanas pierdes peso con facilidad.

Después la pérdida se ralentiza.

Finalmente parece que la misma estrategia que funcionaba al principio ya no produce el mismo resultado.

Eso no significa necesariamente que hayas “dañado” tu metabolismo.

Significa que el organismo se adapta a los cambios de peso, alimentación y actividad.

De hecho, los modelos desarrollados por investigadores del National Institutes of Health muestran precisamente que el peso corporal responde de forma dinámica a los cambios en ingesta y gasto energético.

Por eso aquella vieja idea de “recorto X calorías y perderé exactamente X kilos cada semana” no refleja bien cómo funciona el cuerpo humano.

Tu estrategia también debe poder evolucionar.

3. Llevas tanto tiempo comiendo poco que también te mueves menos

Este punto pasa sorprendentemente desapercibido.

Cuando pensamos en actividad física solemos imaginar el gimnasio, salir a correr o hacer una clase de spinning.

Pero durante el día gastamos energía constantemente:

caminando, subiendo escaleras, desplazándonos, limpiando, trabajando de pie, jugando con los niños, haciendo recados o simplemente moviéndonos.

Cuando llevas mucho tiempo siguiendo una dieta muy restrictiva y tienes poca energía, puedes empezar a reducir inconscientemente toda esa actividad.

Coges más el coche.

Te levantas menos.

Pasas más tiempo sentada.

Llegas cansada a casa.

Dejas para mañana ese paseo.

Y al final del día puedes estar gastando menos energía de la que imaginas.

Por eso en una estrategia de pérdida de grasa no deberíamos mirar únicamente lo que entra en el plato.

También necesitamos observar cuánto se mueve esa persona en su vida real.

4. Estás perdiendo peso, pero solo miras la báscula

Hay algo que repito mucho: peso y grasa corporal no son sinónimos.

Nuestro peso incluye grasa, músculo, agua, glucógeno, contenido intestinal y otros tejidos.

Por eso puedes estar haciendo las cosas bien y que durante varios días —o incluso alguna semana— la báscula apenas cambie.

La retención de líquidos, el ciclo menstrual, una comida más rica en sodio o carbohidratos, el estreñimiento o determinados cambios en el entrenamiento pueden modificar temporalmente el peso.

Por eso, cuando el objetivo es perder grasa, conviene valorar la evolución utilizando más información:

peso, perímetro de cintura, composición corporal cuando sea posible, fotografías, cómo queda la ropa, rendimiento y evolución a medio plazo.

Un número aislado en la báscula nunca cuenta toda la historia.

Si has perdido centímetros de cintura y mantienes tu masa muscular aunque el peso haya bajado lentamente, el resultado puede ser mucho mejor que perder varios kilos rápidamente a costa de músculo y agua.

5. Comes poco, pero también poca proteína

Uno de los errores que veo con frecuencia en dietas para adelgazar es reducir muchísimo la cantidad total de comida sin prestar atención a qué nutrientes estamos recortando.

Y aquí la proteína tiene especial importancia.

Una ingesta adecuada de proteína puede contribuir a aumentar la saciedad y resulta especialmente interesante para ayudar a preservar la masa libre de grasa durante un proceso de pérdida de peso.

¿Por qué importa tanto mantener músculo?

Porque nuestro objetivo no debería ser simplemente pesar menos.

Queremos principalmente perder grasa conservando la mayor cantidad posible de masa muscular.

Imagina dos mujeres que pierden 6 kilos.

Una pierde principalmente grasa y conserva bien su masa muscular.

La otra pierde una cantidad importante de grasa, pero también músculo.

La báscula podría mostrar exactamente el mismo resultado, pero metabólica y corporalmente no han conseguido lo mismo.

Por eso una estrategia bien diseñada no debería preguntarse solamente:

“¿Cuántas calorías puedo quitar?”

También debería preguntarse:

“¿Cómo consigo perder grasa protegiendo el músculo?”

Y ahí entran en juego la proteína, el entrenamiento de fuerza, el déficit energético adecuado y la personalización.

6. Haces dieta, pero no has construido músculo

Muchas mujeres que quieren adelgazar se centran casi exclusivamente en comer menos y hacer ejercicio cardiovascular.

Caminar es fantástico. El ejercicio aeróbico aporta numerosos beneficios y puede ayudar en la pérdida de grasa.

Pero existe otro elemento especialmente interesante durante una etapa de pérdida de peso: el entrenamiento de fuerza.

La evidencia disponible respalda el entrenamiento de resistencia como herramienta para ayudar a preservar la masa magra durante la pérdida de peso.

Y no, trabajar fuerza no significa necesariamente convertirte en culturista ni pasar dos horas al día en un gimnasio.

Significa darle al músculo un estímulo para decirle a tu cuerpo: “este tejido lo necesito.”

Cuando combinamos una alimentación adecuada, suficiente proteína, movimiento cotidiano y trabajo de fuerza, estamos construyendo una estrategia de composición corporal, no simplemente intentando hacer bajar un número de la báscula.

7. El fin de semana puede estar anulando parte del déficit de la semana

Este es otro escenario muy frecuente.

De lunes a viernes: desayuno perfecto, ensalada, proteína, verduras, cantidades pequeñas…

Y llega el fin de semana.

Cena fuera el viernes.

Aperitivo el sábado.

Comida familiar.

Una copa.

Postre.

Cena improvisada.

Y brunch el domingo.

No hace falta comer cantidades enormes para reducir significativamente el déficit conseguido durante los días anteriores.

Y aquí tampoco se trata de vivir contando calorías ni de renunciar a nuestra vida social.

De hecho, una dieta que solo funciona cuando tu vida es perfecta probablemente no sea una buena dieta para ti.

La solución consiste en aprender a integrar comidas flexibles dentro de una estructura que siga siendo compatible con tu objetivo.

Porque el verdadero éxito no está en seguir una dieta perfecta durante diez días.

Está en construir una alimentación que puedas mantener durante meses y después durante años.

8. Quizá el problema no sea comer menos, sino que necesitas una estrategia diferente

Cuando una persona lleva años enlazando dietas, suele repetirse el mismo patrón:

restricción → pérdida rápida → cansancio → abandono → recuperación de peso → nueva restricción.

Y cada nueva dieta empieza con una frase: “Esta vez voy a comer todavía menos.”

Pero ¿y si la pregunta correcta fuera otra?

En lugar de: ¿Qué más puedo quitar?

podríamos preguntarnos: ¿Qué necesita mi cuerpo para perder grasa de una manera que pueda mantener?

Eso cambia completamente el enfoque.

Puede significar reorganizar las comidas.

Aumentar proteína.

Modificar las fuentes o la distribución de carbohidratos.

Trabajar el entrenamiento de fuerza.

Aumentar el movimiento cotidiano.

Revisar las cantidades.

Mejorar la saciedad.

O simplemente dejar de aplicar una estrategia estándar a un cuerpo y una vida que no son estándar.

Entonces, ¿comer muy poco puede “bloquear” la pérdida de peso?

Esta pregunta merece una respuesta clara porque existe muchísima desinformación en redes sociales.

Comer demasiado poco no hace que las leyes del balance energético desaparezcan ni provoca que el cuerpo cree grasa de la nada.

Pero una restricción excesiva y prolongada sí puede hacer que el proceso sea mucho más difícil de mantener.

Al perder peso y reducir la ingesta pueden producirse adaptaciones fisiológicas. Además, puedes tener más hambre, menos energía, moverte menos y tener más dificultades para mantener el plan.

Por eso la solución ante un estancamiento no debería ser automáticamente:

“come todavía menos”.

Un buen profesional debería analizar primero por qué se ha producido ese estancamiento.

¿Cómo saber qué está frenando tu pérdida de grasa?

Aquí está precisamente el problema de las dietas genéricas.

Dos mujeres pueden pesar lo mismo y necesitar estrategias completamente diferentes.

Una puede tener una vida muy sedentaria.

Otra entrenar cuatro días por semana.

Una puede consumir muy poca proteína.

Otra puede comer correctamente entre semana pero perder completamente la estructura durante el fin de semana.

Una puede llevar años haciendo dietas muy restrictivas.

Otra puede estar empezando ahora.

Por eso una estrategia de pérdida de grasa debería tener en cuenta, entre otros factores: tu peso y composición corporal, necesidades energéticas, masa muscular, actividad física, alimentación actual, cantidad de proteína, hábitos, descanso, historial de dietas y evolución real.

Y después ajustar.

No al revés.

Perder grasa no consiste en comer cada vez menos

Este es uno de los principios sobre los que he construido el Método IMS (Inara Metabolic System).

Mi objetivo no es darte la dieta más restrictiva que seas capaz de soportar.

Es encontrar la estrategia nutricional que tu cuerpo necesita en cada etapa del proceso.

El Método IMS trabaja la pérdida de grasa desde un enfoque progresivo y personalizado, teniendo en cuenta no solo las calorías, sino también la proteína, la composición corporal, el metabolismo, la actividad física, los hábitos y la respuesta individual.

Porque una estrategia puede funcionar durante unas semanas y necesitar ajustes después.

Y porque perder peso rápidamente no sirve de mucho si seis meses más tarde has recuperado todo lo perdido.

El objetivo es conseguir algo mucho más valioso: perder grasa, proteger tu masa muscular y aprender a mantener los resultados.

Si comes poco y no adelgazas, no empieces otra dieta todavía

Antes de eliminar otro alimento, saltarte otra comida o reducir todavía más tus cantidades, intenta descubrir qué está ocurriendo realmente.

Quizá necesites comer diferente, no necesariamente menos.

Quizá necesites más proteína.

Quizá necesitas moverte más.

Quizá tu estrategia necesita adaptarse después de haber perdido peso.

Quizá llevas tanto tiempo haciendo dietas que simplemente necesitas dejar de improvisar y empezar a trabajar con una planificación individualizada.

Y precisamente para eso he creado la asesoría inicial gratuita de Naós Nutrición.

Durante 30 minutos podemos revisar tu situación, tus objetivos y las dificultades que estás encontrando para entender qué puede estar frenando tu progreso y valorar si el Método IMS es adecuado para ti.

Si estás cansada de comer cada vez menos sin conseguir el resultado que buscas, no necesitas necesariamente otra dieta. Necesitas una estrategia.

Reserva tu asesoría gratuita de 30 minutos y descubre qué está frenando tu pérdida de grasa.

Inara Dantas
Farmacéutica y creadora del Método IMS
Naós Nutrición. Nutrición · Salud · Propósito.